Cómo eliminar todos tus problemas

Foto del restaurante Rayén Vegano en Madrid

Hace unos días escuché una historia que me gustó mucho. Me puso a pensar en cuánto podría mejorar mi vida si tan solo entendiera que estaba siendo exagerada con mis problemas.

La historia va como sigue:

Un día, una psicóloga estaba con sus estudiantes, y les mostró un vaso lleno hasta la mitad.

Todos esperaban la típica pregunta de “está medio lleno o medio vacío”, cuando la mujer finalmente preguntó: ¿Cuánto pesa el agua en este vaso?

Cada uno especuló entre 200 y 500 ml, plantearon fórmulas matemáticas y otras maneras de saber cuánto era el peso del vaso.

La maestra, sonriendo, respondió: “El peso del agua es irrelevante. Lo que importa es cuánto tiempo lo cargas. Si lo sostienes por unos minutos, casi no notarás el peso. Si lo sostienes por un par de horas, puede que te canses. Si lo sostienes el resto del día, al final el brazo terminará doliéndote”.

¿Cuál es la moraleja de la historia? Los problemas son como este vaso de agua. Son menos pesados de lo que creemos, pero tenemos la mala costumbre de cargarlos hasta que nos duele todo, la mente y el cuerpo.

He descubierto, después de pasar por un divorcio, perder mi trabajo y arruinar mi salud, que todos mis problemas eran más ligeros de lo que yo pensaba. Mi verdadero problema fue que no dejaba de cargarlos.

¿Cómo es que “cargamos” con nuestros problemas? Por estarlos pensando una y otra y otra vez. Los pensamos antes de dormir, los pensamos mientras comemos, se lo comentamos a nuestros amigos, nos lamentamos de ellos con el vecino. Y un problema, sin importar su peso, a la larga termina cansando más por nuestra insistencia de pensarlo que por la gravedad del mismo.

La vida no va a dejar de presentarte retos. Algunos pueden parecer pequeños y otros grandes. Pero todo reto que te parezca un problema, pesa. 

Para que no los estés cargando, recuerda que solo debes cargar el problema mientras estés pensando en cómo resolverlo y en los momentos en los que puedas hacer algo al respecto para hacerlo. 

Pensar que no pagaste la luz a las diez de la noche, y preocuparte hasta el punto de no poder dormir pensando en que no pagaste la luz y es lo primero que tienes que hacer al día siguiente, es una pérdida de tiempo.

Estás cargando el problema en lugar de solo medir su peso.

“Ok. No pagué la luz. Pero son las diez de la noche y no me voy a preocupar más por eso. Lo hago mañana.”

Este razonamiento puede tomarte un minuto. Mediste el “peso” del problema, te das cuenta de que no es momento para solucionarlo y lo sueltas hasta el día siguiente, cuando sea útil pensar en él y tratar de resolverlo.

Es probable que en este momento sientas que tienes muchos “problemas” por resolver en tu vida. Y el agobio de estarlos cargando puede resultar desgastante.

¿Quieres deshacerte de tus problemas y evitar que sean una carga para ti? Suéltalos en los momentos en que no puedas hacer nada por ello.

Y ya puedo escuchar a algunos decirme: “¡Claro! Pero es que no es tú problema y tú no puedes saber cómo me siento al respecto. No puedo dejar de pensar en él, porque me preocupa.”

No. No es mi problema. Pero yo tengo mis propios problemas. Y por experiencia propia sé que cargarlos cuando no puedes hacer nada por ellos, solo te desgasta. Una mejor forma de resolverlos es dejar de “cargarlos” (pensarlos y preocuparte por ellos en los momentos en que no los puedes resolver) y retomarlos solamente cuando sea prudente buscar una solución. De esta manera, poco a poco, terminarás con todos tus problemas sin agobiarte.

Que esto requiere voluntad y práctica, por supuesto que es así. Pero que también es la única forma de eliminar todos tus problemas y dejar de cargarlos para poder ser feliz, también es cierto.

¿Te atreves a ser valiente y dejar de cargar tus problemas hasta que puedas resolverlos? 😉

El sentido de las palabras.

Imagen de pinmedownandtakemybreathaway.tumblr.com

Ahora que empiezo a conocer la Verdad acerca de la Vida (que yo creo mis experiencias a través de mi pensamiento), me doy cuenta de que mayormente no tenemos el sentido correcto de las palabras y no nos expresamos de manera adecuada.

¿Qué quiero decir con esto? A lo largo de nuestra historia, las palabras han ido desvirtuándose y ha ido cambiando el sentido de ellas en nuestra manera de expresarnos. Un ejemplo claro es la palabra “padre” que originalmente tenía un sentido de respeto y reverencia y que ahora para muchos de nosotros significa simplemente “bonito”, “agradable” o “divertido”.

Pudiera parecer que esto no representaría ningún problema particular, sin embargo, a la hora de querer expresar o crear con nuestro pensamiento, sí representa un problema.

Estamos tan acostumbrados a hablar sin pensar en el verdadero significado de nuestras palabras y nos referimos a nosotros, a los demás y a nuestras circunstancias de manera inadecuada. Por ejemplo:

Casi siempre pensamos en “gasto” cuando se habla de comprar lo que sea. Si entendiéramos el significado de la palabra, seríamos más cuidadosos de usarla.

En términos generales y en su raíz, “gastar” significa “deteriorar con el uso”. Si “gastamos” el dinero, estamos diciendo que se nos acaba. Si pusiéramos atención todos buscaríamos una palabra más adecuada.

En cambio, “invertir” habla de multiplicar o tener ganancias. Si en lugar de “gastar”,” invertimos”, nuestras palabras crearán lo semejante y nuestro dinero se multiplicará sin mucho esfuerzo.

Otro ejemplo es cuando hablamos de amor. Hemos confundido el amor con preocupación, protección, dependencia, sobreprotección, etc., pero el verdadero sentido del amor es entender que todos somos capaces de resolver nuestros problemas; tener confianza en nosotros y los demás, porque todos tenemos las mismas facultades y habilidades; dar sin esperar nada a cambio, porque no necesitamos nada pues ya estamos completos.

Por lo general solo hacemos lo que tiene sentido para nosotros. Usamos solo las palabras que tienen sentido en nuestro vocabulario. Nos vestimos de acuerdo con la ocasión por sentido común.

De la misma manera, nuestro pensamiento crea aquello que tiene sentido para nosotros. Si no tenemos un sentido de confianza y seguridad, de abundancia y prosperidad, de plenitud y gozo, no podemos crear más de lo mismo.

El sentido que tengo ahora debe cambiar para poder cambiar lo que ocurre en mi vida y mis experiencias. El trabajo es entender cada una de las palabras que uso, elegir las que me convenga usar, usar las que haya elegido de manera correcta y, por repetición, ir aumentando el sentido correcto en mi mente.

Podríamos empezar con una pequeña lista que puede ser útil para todos:

Cambiar:

“Gastar” por “Invertir”.

“Necesitar” por “Desear”.

“Me hizo enojar” por “Me enojé”

“Cuídate” por “Diviértete” o “Aquí te espero”

“Tengo suerte” por “Tengo éxito siempre”

“¿Me amas?” por ¡Me amo!

“A ver si…” por “¡Estoy seguro de…!

“Yo creo que…” por “Yo sé que…”

¡Estoy segura de que notarán un cambio en sus experiencias si son constantes y persistentes!


autoretrato 1

Acerca de la autora:

Rocío Caballero. Maestra de Aplicación Mental y Metafísica (La Ciencia de la Vida). Imparte cursos, talleres y conferencias para despertar la conciencia verdadera en las personas acerca de sí mismas, impulsándolas a vivir una mejor calidad de vida.

La sabia vida del viejo árbol

La sabia vida del viejo árbol

Se sentía totalmente devastada. Su vida se había ido convirtiendo en una colección de horrores y desgracias, y no podía sentirse más desesperada que ahora.

Estaba sentada en medio de una vereda abandonada, debatiendo con la única opción que creía que le quedaba: acabar con su vida. Pero a través del río de lágrimas que le empañaban la visión, apareció una figura borrosa que le obstaculizó la vista.

Levantó la mirada y se talló los ojos. Frente a ella, había una anciana mugrosa y harapienta.

-¿Porqué lloras, muchacha?- preguntó la anciana, con una sonrisa carente de dientes y muy bondadosa.

-Es que… ¡mi vida es un desastre! El hombre al que amaba me dejó por otra mujer, me despidieron de mi trabajo y ahora no tengo dinero para cubrir mis gastos, me hice unos estudios y resultó que tengo cáncer. Mis amigos me han dado la espalda, y mi familia no me entiende. Me siento sola y no tengo nada que esperar de la vida.

La anciana, achacosa, se sentó al lado de la muchacha. No dijo absolutamente nada, y ambas permanecieron en completo silencio durante un rato.

-¿Ves ese árbol?- señaló la vieja con un dedo nudoso y deforme.

La muchacha levantó la vista. Frente a ella había un árbol semi torcido, creciendo en el centro de un tocón.

-Si.- respondió la chica, que no tenía ni idea del porqué era relevante un simple árbol.

-Ese árbol fue, una día, algo majestuoso. Lo sé, porque yo solía treparme a él cuando era una niña. Sus ramas eran fuertes y su tronco, firme. Daba una sombra maravillosa, y todos los niños que jugábamos aquí dormíamos la siesta cuando el sol se volvía insoportable. En verdad era un gran árbol.

La anciana se detuvo un momento en su narración. Sus ojos brillaron y se llenaron de recuerdos del pasado.

-Pero un día, después de una gran tormenta, cuando nos acercamos a jugar en el árbol, lo encontramos quemado y partido casi a la mitad. Nuestros padres decidieron que ya no era seguro que estuviera así, y lo cortaron, dejando ese triste muñón que ves ahí.

>>Pero los árboles son más sabios que las personas. Saben que la vida está dentro de ellos, y no se dan por vencidos solo porque los hayan cortado. Aunque parezca que la vida del árbol terminó, apenas está empezando. Porque la vida está en sus raíces y no en su tronco. Puedes cortarlo, quemarlo, pero mientras sus raíces estén bien asentadas en la tierra, seguirá creciendo. Aunque tenga que empezar desde cero.

-¿De qué hablas, anciana? ¡Yo no soy un árbol! ¡Tengo cáncer, no tengo trabajo, no hay nadie que me cuide! Me estoy muriendo. ¿No sería mejor acabar de una vez con este sufrimiento?

-Si te han arrancado las raíces, es probable. Pero aún estás viva. Yo diría… que todavía tienes mucho por hacer. La decisión es solo tuya.

La anciana se levantó de su asiento y se alejó, con su andar lento y pausado, dejándola más consternada que reconfortada. ¡Qué iba a saber esa vieja chiflada, después de todo!

Justo se iba a levantar para marcharse cuando llegó un joven hasta donde se encontraba. Parecía sorprendido por alguna razón y miraba a todos lados, buscando algo.

-Buenas tardes. ¿Disculpa, de casualidad viste a una anciana por aquí?

-Hace poco estuvo aquí. Pero se marchó.

-¿Se marchó? Es extraño… siempre está sentada frente a este árbol por las tardes.- dijo en voz baja, más para sí mismo que para la muchacha.- Es una lástima. Creo que hoy no vamos a poder leer.

-¿Conoces a esa mujer?- Preguntó la chica, con la curiosidad un poco picada, sin saber porqué.

-¡Todos en el pueblo la conocen! ¡Es impresionante!

-¿A qué te refieres?

-Verás… esa mujer vivía en el pueblo cuando era niña. Fue una de las primeras mujeres que estudió y se graduó en la universidad como doctora. Regresó al pueblo a ayudar y trajo muchos bebés al mundo. Ha ayudado a muchas personas. Y a pesar de todas las desgracias de su vida, sigue haciéndolo. ¡Verla bailar en las fiestas del pueblo es todo un espectáculo, te lo digo yo!

-¿Cuáles tragedias?

El muchacho le lanzó una mirada triste.

-Bueno… se enfermó, ¿sabes? Cuando estaba embarazada. No sé exactamente que tuvo, pero fue grave. Perdió al bebé. Y poco tiempo después, su marido la dejó. Ya no podía resistir el dolor que sentía por haber perdido a su hijo. Nadie supo más de él, porque nunca volvió al pueblo.

>>Su enfermedad hizo que se retirara del trabajo. Perdió todo su dinero en tratamientos, por lo que yo sé. Nunca ha vuelto a estar del todo bien, y apenas tiene fuerzas para trabajar. Pero si necesitas ayuda, hace lo posible por ayudarte. No importa quién seas.

>>Como no tuvo hijos, se ha dedicado a cuidar de todos los niños del pueblo. Le decimos abuela, aunque todos tenemos abuelas propias. Y yo vengo a leerle todos los viernes por la tarde, cuando salgo de la escuela.

-No tenía idea…- dijo la muchacha, asombrada.- ¿Y porqué vienes a leerle aquí?

-Dice que le gusta este árbol. Al parecer lo cortaron cuando ella aún era niña. Me contó una vez que eso la puso muy triste, y durante mucho tiempo se olvidó del árbol. Entonces, un día, descubrió que le estaba saliendo un brote. Y que desde entonces, empezó a crecer y crecer. Ahora es un árbol más grande, y un poco torcido. Pero resistió mucho y aún sigue con vida.

>>Ella dice que eso la ayudó a darse cuenta de que, sin importar cuán dura fuera la vida, todos teníamos la fuerza necesaria en el interior para volver a nacer.

>>Y desde entonces, se sienta frente a este árbol todas las tardes. ¡No conozco a nadie más fuerte y más viva que ella!

Se quedó callada un momento. Algo en su interior se había inquietado, y no sabía qué hacer al respecto.

-Bueno. Supongo que iré a buscarla a su casa, entonces. Lamento haberte molestado.- dijo el muchacho, que ya se marchaba por la vereda.

-¡Espera!- gritó la muchacha, levantándose de un salto. El joven la miró, interrogante.- ¿Puedes llevarme con ella?

El muchacho asintió lentamente. Ella, solo sonrió.

Amor, esa fuerza todo-poderosa

Ámate a ti misma

¿Alguna vez has estado enamorado y te han correspondido? ¿Identificas esa emoción de estar flotando en las nubes?

¿Has notado que en ese estado las cosas parecen tener una mejor cara y los problemas soluciones fáciles?

Eso es precisamente lo que el amor nos da cuando lo experimentamos. Nos sentimos poderosos, optimistas y hasta capaces de lograr lo imposible. Nos aventuramos en proyectos nuevos o nos atrevemos a hacer lo que no habríamos hecho antes.

Lo cierto es que cuando estamos enamorados, despertamos un poder interior (que siempre ha estado ahí) por la presencia de alguien más.

¿Pero qué pasa si no hay “alguien más”?

La felicidad (o el estado mental de alegría y gozo llamado amor) es como una inyección de fuerza para todos, que sin embargo no sabemos obtener o experimentar en cualquier momento o a voluntad. Pareciera como si ese estado fuera algo que viniera de lo externo, cuando en realidad está siempre dentro de nosotros y podemos desatarlo si somos más conscientes de lo que pensamos a diario acerca de lo que somos, lo que hacemos y lo que tenemos.

Es cierto que nuestros peores críticos somos nosotros mismos, nos vemos todos los defectos: las arruguitas, las llantitas; que si estamos gordos o flacos, altos o bajos, etc., sin embargo no podemos negar que en alguna área, somos indispensables para algo o para alguien. A pesar de todos nuestros defectos, tenemos cualidades.

Para enamorarte es necesario que reconozcas en el otro cualidades que para ti sean importantes. Nadie se enamora de alguien a quien no le ve cualidades. Pero la apreciación de cualidades es algo totalmente individual: lo que para alguien es una cualidad, para otro puede ser un defecto. Entonces, te invito a ver tus cualidades, ganar sentido de ello para que te enamores de ti mismo y de la vida y verás que la felicidad que viene del amor no tarda mucho en aparecer con esa fuerza de la que he estado hablando antes.

Agradecer todos los días al despertar por otro día más, por una nueva oportunidad, por tu trabajo o por falta de trabajo, porque tienes con quien compartir los afanes del día o porque gozas de plena libertad estando solo, es una forma de enamorarte de la vida también. ¡Agradece por todo!

Si miramos a nuestro alrededor y tomamos la actitud de agradecimiento por cualquier cosa que nos rodea o experimentamos (porque, seamos sinceros, tenemos muchas cosas buenas que agradecer todos los días), podemos ir creando un sentido amoroso que nos permitirá el gozo de todo lo que nos rodea, haciendo que la vida parezca más agradable, más disfrutable.

¡Trabaja por el amor, practícalo todos los días, desarróllalo, como harías al aprender algún idioma o alguna habilidad que disfrutes, y enamórate! ¡Enamórate de ti! ¡De tu vida! Descubrirás lo importante que eres. ¡Enamórate de ti y correspóndete!


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Acerca de la autora:

Rocío Caballero. Maestra de Aplicación Mental y Metafísica (La Ciencia de la Vida). Imparte cursos, talleres y conferencias para despertar la conciencia verdadera en las personas acerca de sí mismas, impulsándolas a vivir una mejor calidad de vida.

The best Accessory

El mejor accesorio es tu sonrisa

When she was a kid, she was incredibly happy.

She didn’t have a perfect life, but she enjoyed every moment and focused only on the good that happened every day. The smile was always on her face, and people enjoyed her company.

In her youth, things were not that good anymore. Someone convinced her that, perhaps, she wasn’t good enough in what she did or good enough to be loved, and started to felt fearful of being alone, not having a family or being successful. She worked very hard to please others with smiles, working to meet their expectations (something that never worked on the long road), and somehow she got what she wanted… or at least that’s what she thought.

She smiled again.

Years later, her fears became true. And tragic things started to happen. Her smile disappeared from her face.

She changed her smiles (fake ones, by then) for grins full of bitterness, anger, rage, worry, hopelessness, and those expressions became usual for her. After a few months, her face was an eternal grin that nobody liked, and didn’t help at all. But she was not aware of that. She isolated herself, and people stopped looking for her.

One day, looking at the mirror, she finally discovered the grin in her face. And conclude that she wouldn’t want to be around a person with that exact expression in her face. That woke her up, finally.

She realise that no matter what happened, the events in our lives will come, no matter what expression we show in our face. A smile or a grin are irrelevant in our growth. But when we choose to put a smile on our face, our attitude with others and the circumstances, change. They become better. 

This is a real story.

It talks about someone who one good day decided she will be happy, no matter the circumstance. Someone who smiles looks around for happiness in everything that surround her. And she’s happy. Because, the thing is, a smile is something you decide to put on, just as much as a dress or a particular pair of shoes. And it is always a great accessory to enhance your outfit. It will make you sparkle and shine among others. 

This could be your story


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About the author:

Rocío Caballero. Teacher of Mental Practice and Metaphysics. She teaches about awakening your real conscious about yourself, helping people live better lifes through courses, workshops and conferences.  

La Gran Aventura o el secreto de la Felicidad y la Vida Eterna

La gran aventura para ser feliz

Foto original de georgesiamanis en DeviantArt

¡Pasen! ¡Pasen por aquí! ¡Escuchen la historia más fascinante jamás contada hasta ahora!

Este relato se ha mantenido en secreto, resguardado por los sabios más ilustres, de nombres casi olvidados, y contiene los misterios más grandes del universo.

En él se encuentra el secreto de la felicidad eterna, que muchos hombres de poder han obtenido a base de invertir grandes fortunas, y en su avaricia, lo han mantenido en secreto para todos los demás.

¡Pero hoy pueden escucharlo aquí por primera vez! Tal como fue contado en los primeros tiempos, entre los primeros hombres.

¡Pasen! ¡Pasen y escuchen todo! Y conozcan el mayor misterio del universo…


Hace muchos, muchos años, cuando la tierra era joven y los hombres todavía no sabían nada sobre ciencias o religiones, el mundo tenía un ritmo y un orden diferentes a los que conocemos en la actualidad.

Se dice que cada niño que nacía era llevado a un lugar conocido como “El inicio”, una pequeña aldea allá en los confines y que estaba vacía de todo tipo de conocimientos, ideas y prejuicios que pudieran existir.

Los pequeños eran resguardados en ese lugar hasta que alcanzaban la edad en que su mente comenzaba a volverse demasiado inquieta para quedarse en un lugar tan pequeño, y eran enviados al “Sendero”, donde debían tomar una decisión.

En el “Sendero” había una bifurcación que tenía dos caminos. El primero llevaba al “Camino Humano”.

A lo largo de ese camino vivían la gran mayoría de las personas que poblaban el mundo, y muy probablemente, los padres y la familia del pequeño en cuestión. Era un camino fácil de caminar en un inicio, lleno de cosas interesantes y tentadoras que prometían recompensas inmediatas y grandes aventuras a los que decidieran caminar por él.

La gran mayoría de los pequeños, impulsados por seguir el ejemplo de sus padres y seres queridos, se adentraban en ese camino, que además, en efecto, era fácil de caminar. En un principio.

Ahí al inicio encontraban a su familia esperándolos, y estos les mostraban a los pequeños todo lo que sabían del mundo y cómo cuidarse de los peligros que había más adelante. Así, se iban caminando juntos a lo largo de toda una vida llena de dificultades, peligros y sufrimientos.

Algunos los enfrentaban con más valor que otros, y estos valientes, se volvían celebridades entre los de su clase. Eran reconocidos por su tenacidad, su espíritu, su inteligencia y su fortaleza.

Otros, no tenían tanta suerte y vivían llenos de miedos, dolores y enfermedades, atormentados porque se sentían carentes de poder y valentía para recorrer el camino que habían elegido.

Nadie era capaz de regresar, porque la ley, una vez que llegabas al “Sendero” y elegías un camino, era continuar avanzando, sin importar lo que ocurriera. Solo aquellos que estaban esperando a sus hijos podían regresar al inicio del camino para ayudarlos a recorrerlo.

Pero para ese momento, habían perdido la oportunidad de elegir el otro camino.

El otro camino era el “Camino de la Mente”. Era un camino de inicio complicado, retador, y en general, solitario. No resultaba muy atractivo porque sus promesas eran inciertas, sus recompensas arduas de ganar y su destino, inverosímil para la comprensión de mentes tan pequeñas.

Pero se decía que aquellos que tuvieran el valor de recorrerlo, encontrarían riquezas y conocimientos tan magníficos que no eran posibles de describir. Y que en algún punto en ese camino, se encontraba el secreto de la Felicidad y la Vida Eterna. 

Algunos valientes (o incautos para muchos), se adentraban en ese sendero desconocido. ¿Pero qué había sido de esos pequeños? Nadie que hubiera recorrido el “Camino Humano” lo sabía.

La gran mayoría de los hombres que habían tomado el “Camino Humano” estaban conformes con su vida. O resignados, cuanto menos. Porque eso era lo único que conocían y estaban demasiado cómodos para intentar otra cosa.

Un día, un pequeño miró en el extremo del sendero y notó que había un bosque inmenso, profundo y bastante tenebroso en la dirección en la que, según las leyendas, estaba el “Camino de la Mente”.

-¿Qué es eso?- preguntó a sus padres.

-¡Un lugar muy peligroso!- le dijeron.- ¡Nunca debes entrar ahí, porque te perderías irremediablemente! Es el “Limbo”, y nadie sabe qué hay ahí. Dicen que el que intenta caminar a través de ese bosque solo tiene una opción, llegar al “Camino de la Mente” o vagar eternamente en la fronda, perdido irremediablemente en un mundo que no es ni humano ni mental.

Todos sabemos lo que pasa cuando se le dice a un niño que nunca debe hacer algo, ¿verdad?

Pero verán, el problema era que este pequeño estaba cansado de su vida: de trabajar de sol a sol para, apenas, lograr sobrevivir; enfermarse a cada rato y tomar brebajes y menjurjes que no entendía cómo funcionaban para supuestamente “curarse”, solo para volverse a enfermar unos cuantos meses después; tener malas relaciones con sus compañeros y amigos, que solo se ocupaban de competir entre ellos para ver quién era el más rico y el más poderoso entre ellos; amando a su familia, pero viéndose incapaz de tener una relación sana con ellos, peleando todo el tiempo, luchando entre el deseo de quedarse y las ganas de irse a otro lugar.

Y como toda historia necesita un personaje que viva aventuras y peligros para, al final, aprender una lección y transformarse en un nuevo ideal, este pequeño decidió que bien podría ser él ese héroe que emprendiera “La Gran Aventura”.

Así es que un buen día, sin decirle nada a nadie, tomó sus pocas pertenencias y se adentró en el bosque…

Esta historia continuará…

El mejor Accesorio

El mejor accesorio es tu sonrisa

Cuando era niña, era sumamente feliz.

No es que tuviera una vida perfecta, pero disfrutaba cada momento y solo veía lo bueno que ocurría día a día. La sonrisa estaba siempre en su rostro y a la gente le gustaba convivir con ella.

En su juventud, las cosas no parecían ya estar tan bien. Alguien la convenció de que tal vez no era sufrientemente buena en lo que hacía o suficientemente buena para que la quisieran y empezó a sentir temor de quedarse sola, de no formar una familia o tener éxito. Trataba por todos los medios de agradar a los demás con sonrisas y tratando de cumplir sus expectativas (lo cual nunca funciona a largo plazo), y obtuvo todo lo que deseaba…, o al menos eso creyó.

Volvía a sonreír.

Años más tarde, sus temores parecieron cumplirse y cosas “trágicas” ocurrieron. Entonces la sonrisa desapareció casi por completo de su rostro.

Cambió sus sonrisas (fingidas para entonces) por gestos de amargura, de enojo, de rabia, de preocupación, de desesperanza y estas expresiones se hicieron habituales en ella. Después de algunos pocos meses en su rostro se formó una mueca que no gustaba a nadie, que por supuesto no le ayudaba en nada y de la cual casi nunca estaba consciente. Se aisló y la gente dejó de buscarla.

Un día al verse en un espejo finalmente se dio cuenta de la expresión que tenía y pensó que a ella misma no le gustaría relacionarse con esa persona y eso al fin la despertó.

Pensó y razonó que los eventos que vivimos no cambian o dejan de ocurrir porque tengas una sonrisa o una mueca. Tanto una sonrisa como una mueca de desagrado son irrelevantes en el desarrollo de nuestras vidas. Sin embargo, cuando afrontamos el día a día con una sonrisa de felicidad honesta, nuestra actitud, la de los demás y las circunstancias no tienen los mismos resultados.

Esta historia no es inventada, es real.

Habla de alguien que un día decidió ser feliz a pesar de las circunstancias. Alguien que ahora sonríe y busca la felicidad en todo lo que la rodea y ES FELIZ, porque descubrió que la sonrisa es algo que decides ponerte, igual que un vestido o determinados zapatos, y que siempre es un accesorio que enriquece tu atuendo, dándole brillo y haciéndote resaltar en medio de otros.

Podría ser tu propia historia.


autoretrato 1

Acerca de la autora:

Rocío Caballero. Maestra de Aplicación Mental y Metafísica (La Ciencia de la Vida). Imparte cursos, talleres y conferencias para despertar la conciencia verdadera en las personas acerca de sí mismas, impulsándolas a vivir una mejor calidad de vida.