Jesús enseñó metafísica

“No soy religiosa”, es lo primero que digo cuando alguien me pregunta qué religión profeso. Algunos se encogen de hombros, sin darle importancia. Otros se sorprenden. Pocos se ofenden, afortunadamente.

La verdad, es que a la edad que tengo es difícil hablar de mi filosofía de vida, creencias, o como quieran llamarla, y darles un nombre. A lo mucho, diré que yo creo en las enseñanzas metafísicas que Jesús heredó a la humanidad.

No, eso no me hace católica ni cristiana. No, eso no me convierte en religiosa. No, no estoy equivocada al decir que Jesús enseñó metafísica y no religión. Y eso es algo que tal vez le cueste trabajo entender a alguien que sí es religioso.

Pero si me permiten unos minutos, y abren su mente un poco, me gustaría explicar mi punto. Y antes de que quieran destruir mi jardín mental, los invito a leer este post y a meditar un poco en la importancia de respetar las ideas ajenas y ser más tolerantes y abiertos a aprender cosas nuevas.

Esto es solo otra forma de creer, de ver el mundo y de entender. La mía, y la que otros quieran compartir conmigo.

En fin, a lo que nos atañe.

De manera rápida, la metafísica estudia la causa y su efecto. ¿La causa de qué? En principio, la causa del ser. Es decir, ¿qué es lo que somos en realidad? ¿Somos estos cuerpos que vemos? ¿Somos esta realidad que percibimos?

En la Biblia (Génesis 1:26) dice “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza”.  Si Dios es un ser Espiritual, y estamos hechos a “imagen y semejanza” de Dios, entonces también somos seres Espirituales. 

Ahora, la pregunta es. ¿Qué es Espiritual? Lo Espiritual es lo Intangible. Lo que no se puede ver. ¿Y qué es lo que nos puede hacer iguales a Dios y que no se puede ver? La Consciencia Universal. Todo aquel capaz de Pensar a través de la Consciencia Universal, es semejante (con las mismas características) a Dios. 

Jesús, de manera muy velada según nos cuentan en la Biblia, enseñó que somos seres iguales a Dios, seres capaces de pensar. Y por lo tanto, de crear tanto bien como seamos capaces de creer. “Como un hombre es en su corazón, así es.” 

Esto quiere decir que así como creemos, sabemos y pensamos que somos, así somos. Y así vivimos. 

Lo entiendas o no, lo creas o no, los hechos no cambian. Estás destinado a ser y a vivir exactamente igual a como piensas y sientes respecto a ti mismo, a tus experiencias y a los demás.

Y esto es justo lo que enseñó Jesús. Que la Causa de todas las cosas, está en la mente. Y que cuando entendemos cómo funciona este poder,  podemos elevarnos al nivel de Dios: “Sean perfectos, como perfecto es su Padre Celestial.” (Mateo 5:48).

Dicho de otro modo: “Entiendan cuál es su verdadera naturaleza perfecta, que es Mental (Espiritual), así como lo es Dios, y elévense a su nivel”.

Jesús no es el único metafísico. Ha habido muchos antes que él, muchos después de él, y habrá otros después de que nosotros nos hayamos ido. Pero es, quizás, uno de los más entendidos que han existido. Y como tal, respeto y admiro su trabajo, y lo estudio para entender quién soy.

“No soy religiosa”. Insisto. Pero el día que se pueda separar a la religión (que no es otra cosa más que una forma de controlar a los ignorantes, a los que no quieren pensar por sí mismos) de las Verdades de la existencia, ese día se entenderá a Jesús como se le debió entender desde el inicio.

Y tal vez ese día, haya más a quienes “llamen, y se les abrirá la puerta”.

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How to be more tolerant, or the story of the gardens

Cómo ser más tolerante, o la historia de los jardines

I like stories. And I’m sure you do too.

No wonder ancient cultures used storytelling as a way to give the young ones lessons from the old wisdom. They will be told from father to sons, around the fire, by an expert storyteller who would use all his power to spread wisdom.

Now, I’ll use my storytellers ancestors wisdom to tell you a small story.

 

In my garden, there are flowers of many kinds, shapes and forms. I grow them on pots, cups, old jars, hollowed stones, beautiful vessels or inside the most horrendous containers.

I grow trees of different sizes and species. Some of them give the best shadow, others are no more than death branches. During summer I collect the sweetest fruits, and by winter I survive from the tasteless remnants.

 

They are useless weed all over the place that I found myself unable to get out, whose roots get between my beautiful plants, trying to get the nutrients out, suffocate and kill them in the very end.

My garden is full of all kinds of life. Fruits to eat, medicinal plants and incredibly toxic herbs. But they are all part of my garden. And just like that, I love it.

That garden is my mind. My ideas, beliefs, knowledge, experiences, lessons, etc. Some are good, beautiful and healing. Others, bad. Even toxic or destructive. But they are all mine. 

If tomorrow someone invites you to his house, and he has a garden in the entrance, would you go tear toxic plants, thinking it’s for the house owner’s good, without asking if it’s ok?

That’s what we do with people around us. We attack their beliefs and most loved values just because we think they are “stupid”, “useless” or even “toxic”. But each garden has it’s owner, and it must be respected as much as our own. 

That’s why, when you see a “toxic” plant in your neighbor’s garden, before you want to tear it apart, ask if you’re allowed to work on that garden. Or even better… wait until you’re asked for help. Then, share your plants, the ones you believe will make your neighbor’s garden more beautiful, healthy, useful…

If he decides he likes what you suggest, plant the seed where you’re allowed to do it. And nurture it, take care of it. Until one day, that seed becomes a tree or a flower.

 

 

 

But do not alter other people’s garden without permission. You wouldn’t like others to come destroy yours. 

Remember respect is the base of all happiness. 😉

 

Cómo ser más tolerante, o la historia de los jardines

Cómo ser más tolerante, o la historia de los jardines

Me gustan las historias. Y estoy segura de que a ti también.

No es extraño que las lecciones en las culturas antiguas se transmitieran de padres a hijos, sentados alrededor del fuego, con un cuenta cuentos experimentado utilizando todo su poder creativo para enseñarle a los jóvenes la sabiduría de los ancestros.

Y utilizando la sabiduría de mis ancestros cuenta cuentos, quiero contarte una pequeña historia.

En el jardín de mi casa, hay flores de todo tipo, forma y color. Las cultivo en macetas, en tazas, en jarras viejas, en piedras huecas, en vasijas hermosas y adornadas o en los más horrendos recipientes.

También crecen árboles de diversas especies y tamaños. Algunos dan sombra, y otros son apenas unas ramitas marchitas a medio morir. En verano recolecto los frutos más deliciosos, y en invierno sobrevivo con los insípidos remanentes.

Hay hierbas y hierbajos inútiles que por más que arranco no logro sacar, y cuyas raíces se enredan profundamente en la base del resto de mis hermosas plantas, tratando de extraerles los nutrientes, sofocarlas y destruirlas.

Mi jardín está lleno de vida de todo tipo. Hay fruta para comer, plantas medicinales y otras increíblemente tóxicas. Pero son parte de mi jardín. Y así, tan variado como puede ser, lo amo.

Ese jardín, es mi mente. Son mis ideas, mis creencias, mis conocimientos, mis experiencias, mis lecciones, etc. Algunas son buenas, otras malas, otras tóxicas y destructivas, algunas increíblemente hermosas y curativas, pero todas son mías. 

Si el día de mañana alguien te invitara a su casa, y tuviera un jardín en la entrada, ¿te dedicarías a arrancar todas las plantas que supieras venenosas, pensando que le estabas haciendo un favor al dueño de la casa, sin siquiera preguntarle si es eso lo que quiere?

Así hacemos muchas veces con la gente a nuestro alrededor. Atacamos sus creencias y valores más queridos pensando que son “estúpidos”, “inútiles” o hasta “tóxicos”. Pero cada jardín es atendido por su propio dueño, y debe ser respetado tanto como el propio. 

Por eso, cuando veas una planta “tóxica” en el jardín del vecino, antes de querer arrancarla, pregúntale si te está permitido trabajar en su jardín. O mejor aún… espera a que te pida ayuda en la limpieza de ese jardín. Y entonces, comparte las plantas que crees que ayudarían a que su jardín fuera más hermoso, más sano, más útil…

Si decide que es bueno lo que le presentas, planta la nueva semilla en el lugar en el que te lo permitan. Y ayuda a regarla, a nutrirla, a cuidarla. Algún día, esa semilla será una flor o un árbol.

Pero no alteres jardines ajenos sin permiso. No vaya a ser que alguien quiera venir a destruir el tuyo. 

Y recuerda que el respeto es la base de toda felicidad. 😉