Cómo ser más tolerante, o la historia de los jardines

Cómo ser más tolerante, o la historia de los jardines

Me gustan las historias. Y estoy segura de que a ti también.

No es extraño que las lecciones en las culturas antiguas se transmitieran de padres a hijos, sentados alrededor del fuego, con un cuenta cuentos experimentado utilizando todo su poder creativo para enseñarle a los jóvenes la sabiduría de los ancestros.

Y utilizando la sabiduría de mis ancestros cuenta cuentos, quiero contarte una pequeña historia.

En el jardín de mi casa, hay flores de todo tipo, forma y color. Las cultivo en macetas, en tazas, en jarras viejas, en piedras huecas, en vasijas hermosas y adornadas o en los más horrendos recipientes.

También crecen árboles de diversas especies y tamaños. Algunos dan sombra, y otros son apenas unas ramitas marchitas a medio morir. En verano recolecto los frutos más deliciosos, y en invierno sobrevivo con los insípidos remanentes.

Hay hierbas y hierbajos inútiles que por más que arranco no logro sacar, y cuyas raíces se enredan profundamente en la base del resto de mis hermosas plantas, tratando de extraerles los nutrientes, sofocarlas y destruirlas.

Mi jardín está lleno de vida de todo tipo. Hay fruta para comer, plantas medicinales y otras increíblemente tóxicas. Pero son parte de mi jardín. Y así, tan variado como puede ser, lo amo.

Ese jardín, es mi mente. Son mis ideas, mis creencias, mis conocimientos, mis experiencias, mis lecciones, etc. Algunas son buenas, otras malas, otras tóxicas y destructivas, algunas increíblemente hermosas y curativas, pero todas son mías. 

Si el día de mañana alguien te invitara a su casa, y tuviera un jardín en la entrada, ¿te dedicarías a arrancar todas las plantas que supieras venenosas, pensando que le estabas haciendo un favor al dueño de la casa, sin siquiera preguntarle si es eso lo que quiere?

Así hacemos muchas veces con la gente a nuestro alrededor. Atacamos sus creencias y valores más queridos pensando que son “estúpidos”, “inútiles” o hasta “tóxicos”. Pero cada jardín es atendido por su propio dueño, y debe ser respetado tanto como el propio. 

Por eso, cuando veas una planta “tóxica” en el jardín del vecino, antes de querer arrancarla, pregúntale si te está permitido trabajar en su jardín. O mejor aún… espera a que te pida ayuda en la limpieza de ese jardín. Y entonces, comparte las plantas que crees que ayudarían a que su jardín fuera más hermoso, más sano, más útil…

Si decide que es bueno lo que le presentas, planta la nueva semilla en el lugar en el que te lo permitan. Y ayuda a regarla, a nutrirla, a cuidarla. Algún día, esa semilla será una flor o un árbol.

Pero no alteres jardines ajenos sin permiso. No vaya a ser que alguien quiera venir a destruir el tuyo. 

Y recuerda que el respeto es la base de toda felicidad. 😉

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